Por Qué las Transiciones Digital y Verde Deben Centrarse Primero en las Personas
Existe mucha atención en torno a las transiciones digital y verde: cómo la inteligencia artificial está transformando el trabajo, cómo los sistemas energéticos están cambiando hacia las energías renovables y cuán rápido todos debemos adaptarnos a estos cambios. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto en medio de toda esta transformación: las personas.
Estas transiciones no tratan únicamente de tecnologías más limpias o sistemas más inteligentes. Se trata de cambiar la forma en que vivimos, trabajamos, nos movemos y consumimos bienes y servicios. Esto no solo afecta a los proveedores y al desarrollo de productos, sino que también tiene implicaciones reales para personas reales, muchas de las cuales ya tienen dificultades para mantenerse al día.
¿Quién se queda atrás?
Seamos honestos: las transiciones no siempre son justas. Cuando el transporte público se electrifica, ¿qué ocurre con las zonas rurales con acceso limitado? Cuando las viviendas deben ser energéticamente eficientes, ¿qué pasa con los inquilinos que no pueden permitirse las mejoras? Cuando los empleos se automatizan, ¿quién se encarga de la recualificación de las personas trabajadoras que han perdido su empleo?
Los supuestos son técnicos, los objetivos son abstractos, y las experiencias, los ingresos, la educación y el acceso se tratan como un aspecto secundario. Y dejémoslo claro: una transición que solo beneficia a las personas privilegiadas no es una transición. Es una brecha.
Crear resiliencia desde abajo hacia arriba
Aquí es donde entran en juego proyectos como FITTER-UE. A diferencia de muchos otros proyectos, FITTER se plantea cómo garantizar que las transiciones verde y digital sean justas e inclusivas para todas las personas. Esto también requiere escuchar a quienes se encuentran en los márgenes del cambio; reconocer las distintas formas en que las personas experimentan el impacto de la vivienda, el transporte y la alimentación, así como la asequibilidad incluso de estos bienes básicos, en función de los ingresos, el lugar y el contexto social. Y, además, diseñar políticas con las comunidades, y no para ellas.
La resiliencia no consiste solo en la capacidad de recuperarse de los cambios. Se trata de contar con los recursos, el conocimiento y el poder necesarios para dar forma a esos cambios desde el principio.
Todas las personas tienen un papel que desempeñar
Sea cual sea tu ámbito —política, investigación, diseño o tecnología—, esta transición te concierne. Y, lo que es más importante, tú formas parte de ella. El cambio justo no ocurre en el vacío. Necesita traductores, personas que construyan puentes y narradores de historias. Si trabajas en marketing o divulgación, tus palabras ayudarán a definir cómo las personas se ven a sí mismas en este futuro.
Si trabajas en el ámbito de las políticas públicas, tus decisiones definirán las reglas del juego. Y si trabajas con datos, tendrás que crear significado para quienes no hablan el lenguaje de las hojas de cálculo. Esto no va de palabras de moda. Se trata de ayudar a las personas a entender cómo estos cambios afectan a su vida cotidiana y de generar capacidad de acción sobre lo que está por venir.
Hacerlo justo desde el principio
Si la equidad se convierte en una idea secundaria, entonces ya es demasiado tarde. Las transiciones verde y digital avanzan rápidamente, pero no lo hacen de manera uniforme. Hay personas que están siendo impulsadas hacia adelante y otras que se están quedando atrás. Necesitamos formular mejores preguntas: ¿a quién se escucha? ¿quién se beneficia? ¿quién queda excluido?
La verdadera equidad implica incorporar a las personas desde el inicio. No limitarse a enviar una encuesta una vez que todo está decidido. Significa diseñar con las comunidades, no para ellas. Significa pensar en el acceso real, los costes, las competencias, la ubicación y el poder: todos esos factores cotidianos que determinan si alguien puede o no participar. Solo tenemos una oportunidad para hacerlo bien. No la desperdiciemos.
